La página está llena de efectos, colorines, gifs animados y hasta gatitos

 

Bienvenidos y bienvenidas al maravilloso mundo de luces y colores, de espectáculos y malabarismos, de tigres y leones, de risas y suspense…

 

Cierto, alguna página podría anunciarse de esta forma, “modo circo”, porque es lo que parece. Sin ánimo de ser crítico con los gustos de cada cual. Pero es que hay que pensar que la mayoría de las personas que van a visitar tu página, tiene ya de por sí una sobrecargar de colores, movimientos, efectos, gifs animados y sí… gatitos, por supuesto.

 

Los estilos de una página, deben responder a nuestro estilo de comunicación. Si somos serios, será una web seria o, como mínimo, controlada. Si somos más de divertir, lo podemos hacer con las palabras y usar colores más o menos llamativos. Y por qué no, usar algún gif animado. Pero sin que esto reste importancia a lo que la tiene: el mensaje que quieres transmitir.

 

Lo que quieres es vender clases, no entradas para el Gran Circo Mundial.

El dominio no tiene nada que ver con lo que ofreces

Al dominio, posiblemente, le demos mucha más importancia de la que merece. Por poner un ejemplo, la página más vista del mundo es google.com, cuyo nombre y dominio eran complicados de recordar al principio y por tanto de escribir. En teoría es un dominio que muchos especialistas hubieran desaconsejado usar. Y ahí está.

 

Pero lo que un dominio nunca debe hacer es ‘engañar’. Si la dirección de nuestra página es «AprendeEspañolFacilConmigoMismo.com» pero luego ofrecemos clases de inglés, francés y en medio escondidas de español, pues el visitante se va a sentir frustrado.

 

Por otro lado, los nombres abstractos (como Google) pueden ser problemáticos porque hay gente que con una sola mirada a la dirección de la web, decide si verla o no verla. Si le llamas «parandisco-fluflu.com» porque te pareció un nombre supersonoro y divertido, que sepas que hay, no pocas, personas que van a restarle importancia a tu web o incluso no visitarla por semejante hecho. No quiere decir que no lo puedas usar, simplemente que te lo pienses bien. 

 

Y es que al final si Google tiene éxito no es por su dominio, sino porque ofrecía un buen servicio.

No quieres que nadie contacte contigo (o eso parece)

 

Igual te parece una bobada, pero me he dado cuenta de que muchas páginas (no solo las de profes) ponen barreras insalvables para que no nos pongamos en contacto con quien las administra. A veces lo hacen queriendo, para evitar problemas o carga de trabajo. Pero en general ocurre sin querer.

 

Son webs que no tienen un formulario de contacto o lo tienen pero no funciona. O aquellas que, no teniendo formulario de contacto, tampoco tienen un email visible o lo tienen pero en formato imagen para evitar spam. Evitarán el spam, pero también que posibles cliente se pongan en contacto. La forma de contacto debe ser claramente visible. Bien en un punto de menú, bien en el pie de página (que no es muy visible, pero es muy típico que es casi lo mismo). ¿Y tú cuidas de esos pequeños detalles?

 

Cuentas hasta la talla de tu ropa interior

 

Se nos dice continuamente que el mundo online es muy frío (me niego a aceptar esa idea, pero esa es otra historia) y que por tanto debemos mostrarnos con mucha proximidad a nuestras visitas para establecer ese contacto físico/emocional que por ser online pensamos que está perdido o complicado.


Para conseguir esa conexión, muchas personas desnudan su alma, por decirlo de alguna forma, contándonos hasta el más nimio detalle que se les pase por la cabeza. Vamos a ver, eso tiene su público y, por tanto, no voy a ser yo quien lo critique. Pero la realidad es que incluso la persona más desapegada de su intimidad o más abierta a la hora de contar cosas, termina cansándose y de repente, su público se encuentra con un “apagón informativo”.

Esto también ocurre en las webs, principalmente en la sección de “sobre mí” o como cada profe la llame. Suelen ser secciones donde contamos nuestra vida, a veces, con pormenores relativamente personales y que no tienen nada que ver con el propósito de nuestra web. ¿Para qué? ¿Para conectar con la visita? Para eso existen otras herramientas, la principal de ellas: la palabra. Saber usar las palabras para llegar a la persona que te ley usando el menor número de ellas posible, es esencial para que nuestra página tenga sentido y sea realmente útil.

No actualizas la página.

 

¿Piensas que tu página web, una vez hecha, no la debes tocar nunca más? Seré sincero, no has de ser como yo que siento una imperiosa necesidad por cambiar cada poco tiempo desde el aspecto de la web, pasando por el logo hasta los contenidos para sentirme bien… eso es una enfermedad :P.

Pero las páginas han de cambiar. Porque los tiempos cambian, las necesidades pueden ser diferentes, los precios suben, los textos se van acomodando para llegar mejor a nuestro público objetivo. De hecho nuestro público objetivo puede cambiar.

 

Y por supuesto, si tienes un blog, es bueno que vayas añadiendo artículos nuevos.

 

Todo eso nos lleva a que las webs no son estáticas.


¿La tuya lo es? ¿Piensas que va a serlo por mucho tiempo?

Escondes tus tarifas como  si fueran tu tesooooooro

 

¿Tienes miedo de que tus precios puedan asustar a tus posibles estudiantes? Es razonable, por supuesto, pero la realidad es que la gran mayoría de estudiantes quieren saber cuánto cobras. No para escoger a quien cobre menos, sino como una simple referencia.

 

De la misma forma que si vas a la frutería con la imperiosa necesidad de comprar fresas, vas a mirar su precio, pero vas a terminar comprándolas sea este el que sea. Eso sí, si las fresas tienen mal aspecto, sí que te puedes echar atrás. De eso sí que te tienes que preocupar, de que la información que ofrezcas tenga buen aspecto, que sea interesante, útil.

 

Lo del precio es menos importante de lo que te pueda parecer… siempre que no lo ocultes.

No planificas la creación de la web


Una página web no se construye en dos minutos. Ni en dos días. Al menos no la primera. Posiblemente tampoco la decimocuarta. Tenemos que escoger el dominio, el hosting, decidir los estilos, el logo, pensar en lo que vamos a poner en la web, decidir cuál es nuestro público objetivo para que los contenidos tengan coherencia, escribir textos de la forma adecuada, encontrar nuestro tono de comunicación, prepararla bien para poder ser encontrada en los buscadores y un largo etcétera de detalles.


La realidad de todo esto es que si no planificamos bien todo lo que debemos hacer, nos olvidaremos sí o sí de muchos detalles y, seguramente, de alguno de ellos muy importante. Además es enorme la frustración que produce no terminar nunca de hacer algo que en principio habíamos pensado que sería rápido. Así pues, te aconsejo hacer tu web dividiendo todo lo que ello conlleva en microtareas y poniéndote, en lo posible, un plazo para su realización.

Usas imágenes de personas genéricas

 

Una de las cosas que no soporto cuando entro en una página web de profesionales (sean del tipo que sean) es ver fotos de personas genéricas y, no de el/la profesional en sí. Y es que si estoy buscando profe, quiere verle la cara, saber quien es, asegurarme de que no me voy a enfrentar a un robot ;).

 

Sin embargo, a veces (demasiadas) entras en webs de profes que tienen como imagen principal (y también el resto de imágenes) una de esas fotos de pixabay con personas anónimas que, de tan repetidas en muchas webs ¡se nos hacen incluso conocidas! Sé lo que más vas a decir: “Es que, Óscar, no me gusta como salgo en las fotos”.

 

Bueno, ante esta situación tienes dos opciones. La primera es acudir a profesionales de la fotografía que convierten un esperpento en un Brad Pitt, por ejemplo. La segunda es no poner fotos de ningún tipo. Usar dibujos que representen lo que quieres mostrar o incluso avatares de ti mismo/a.

 

Haces muchas llamadas a la acción… o ninguna

 

Para comenzar ¿sabes lo que es una llamada a la acción? Son palabras o frases, normalmente en botones, que nos animan a realizar alguna acción. Por ejemplo: Únete a Didactas, Suscríbete, Averigua más sobre mis clases, Compra, Reserva, etc.

 

Uno de los fallos principales en muchas webs es que estas llamadas a la acción brillan por su ausencia. ¿Por qué son tan necesarias? Básicamente, porque son las responsables de ese empujoncito final que necesitamos para dar el siguiente paso. Es esa palabra o frase de ánimo que necesitas cuando has terminado de leer o ver algo y quieres ponerlo en práctica. Algo así como un “venga, vamos a empezar a poner en práctica todo esto”.

 

¿Cuál es el problema contrario? Poner demasiadas llamadas a la acción y convertir tu página en una presión constante para que quien la visita haga cosas. Desafortunadamente, no hay una medida exacta de cuántas llamadas por cada página son buenas, por lo que simplemente, usa tu sentido común y, mejor aún, ponte en la piel de tu visitante para ve cómo reaccionaría.

 

Plugin que ves, plugin que añades

 

El WordPress es una maravilla. Sobre todo para gente que no tiene ni idea de crear webs, pero también para los que saben crearlas muy bien. Es cómodo, fácil de usar, con miles de posibilidades y muchas de ellas gratuitas.

 

Todo esto es posible, en parte, gracias a los plugins que son como pequeños programitas que hacen pequeñas tareas. Por ejemplo hay un plugin para insertar un formulario de contacto en web, otro para hacer que la sección de comentarios sea muy muy chula, otro para hacer reservas, otro para poner una tienda online y así hasta el infinito.

 

¿El problema? Que cada uno de estos plugins hacen un poquitín más lenta la carga de la página. Y, vamos a sincerarnos, ¿a que fastidia mucho cuando entras en una web y tarda más de medio segundo en cargarse? Vivimos en la sociedad de la inmediatez y si la página no se carga casi al instante, no nos gusta e incluso nos iremos.

 

Así pues, este es un consejo básico: usa el menor número de plugins posible. Úsalos, porque es necesario, pero no te vuelvas loco/a porque los plugins son como el azúcar: un poquito da sabor y mucho da bastante más sabor dulce, pero a cambio nos ganaremos un problema de obesidad. Pues eso, que no nos interesa tener una página demasiado gorda, porque luego ¡ya sabemos lo que cuesta perder unos kilos! ;).

 

Usas imágenes enormes

 

Las imágenes son necesarias, animan una página, dan personalidad al contenido, la hacen más agradable de ver y leer. Pero igual que ayer hablaba del riesgo de obesidad de una web por causa de los plugins, hoy tengo que decir exactamente lo mismo de las imágenes.

 

Os cuento una historia, en una de las conferencias que coorganicé con mis compis Paulino y Ana, puse las fotos de los y las profesionales que iban a participar. Fotos de máxima calidad que nos habían mandado. Yo las puse tal cual en la web y de repente nos encontramos con una página que tardaba años en cargarse.

 

No tardamos mucho en descubrir el problema de principiante en el que había caído: no reducir el tamaño de las fotos. Y es que está muy bien tener una foto de 5000×5000 pixels. Perfecta calidad. Pero es que al final nadie las va a ver en ese tamaño, como mucho la verán en un tamaño de 300×300 o similar. Dependiendo de lo que queramos hacer con esa imagen. Y claro, cuantos más pixels tenga la foto, más ocupa, más “pesa”. Y si hay muchas fotos grandes y juntas, estas convierten tu web en una tortuga coja.

 

Así pues, antes de subir tu foto a la web, redúcela al tamaño máximo en que va a ser vista. En general, con cualquier programa megabásico como el paint de windows, podrás realizar dicha acción.

 

(PD: es verdad que algunos temas de wordpress, se ocupan de reducir automáticamente y en lo posible el tamaño de las fotos, pero esto no siempre es así y tampoco son funcionalidades perfectas)

 

Eliges la plantilla de wordpress más bonita… y pesada… y lenta

 

Que sí, que es muy guay poder escoger entre los miles de temas o plantillas existentes en WordPress. Pero además de ser bonitos o no deben ser, por encima de todo, prácticos. El tema no es solo lo que da forma a tu página sino que también puede añadir ciertas funcionalidades muy útiles. Por ejemplo puede hacer que el blog se presente en determinado formato o podamos modificar el plugin de WooCommerce más fácilmente.

 

Pero muchas veces, todas estas funcionalidades tienen un coste: la página tarda en cargarse. Y es que un mal tema, y me atrevería decir que la mayoría lo son, puede ralentizar de forma llamativa tu página web.

 

Así que cuando vayas a escoger tu tema, búscalos por bonitos, pero asegúrate de buscarlos también rápidos y eficientes (en google hay mucha información sobre ello).

 

No tienes certificado SSL (y además no sabes lo que es)

 

¿Sabes cuando escribes la dirección de una página que comienza por httpS en vez de por, simplemente, http? Esa S marca la diferencia porque significa que hay un certificado de seguridad por detrás que hace tu web un poquito (mucho) más segura a la hora de transmitir datos. Por ejemplo a la hora de realizar un pago.

 

Pero no es solo eso, Google dede hace tiempo “castiga” a aquellas páginas que no usen un certificado SSL mostrándolas menos o enseñando un mensaje previo de advertencia para señalar que la página puede no ser segura. Obviamente a la gente que visita la página eso le echa para atrás.

 

La solución es fácil, instalar un certificado SSL algo que gracias a Let’s Encrypt es sencillo y gratuito ya que la mayoría de los hostings del mundo ofrecen este tipo de certificado para las páginas que albergues con ellos y, de hecho, muchos aplican el certificado de forma automática. Pero es bueno que te asegures de cuál es el caso de tu página y tu empresa de hosting.

 

No añades Google Analytics o similar

 

Es cierto que nos gustan muy poco esas cookies que indican que quieren “espiar” nuestros movimientos en la página a través de Google Analytics, el pixel de Facebook u otras herramientas similares.

 

También es cierto, que cuando la página es nuestra, nos debería interesar saber quién la visita, desde dónde, qué les interesa y otros muchos datos que estas herramientas nos proporcionan.

 

¿Por qué? Simplemente porque debemos saber hasta que punto se están cumpliendo nuestros objetivos y si no lo están haciendo, qué debemos cambiar.

 

Si queremos atraer gente de EEUU, pero la mayoría de visitas nos llegan desde Francia, debemos cambiar los lugares donde divulgamos nuestros contenidos o quizás debamos cambiar nuestro público objetivo.

 

Este es un pequeño ejemplo pero hay decenas de razones para monitorizar los movimientos que hace la gente que nos visita.

 

 

No añades el Pixel de Fb

 

Si ayer hablaba de Google Analytics, hoy le toca el turno al pixel de Facebook. Que igual estás pensando ¿pero no sirven para lo mismo? Y la respuesta es un rotundo no.

 

Ambos te proporcionan ciertas estadísticas, pero mientras que GA nos sirve principalmente para conseguir un montón de datos interesante, el pixel de Fb sirve, por encima de todo, para que nuestros anuncios en Facebook funcionen mejor.

 

Me explico en pocas palabras. Si Facebook tiene datos de tus visitantes, lo que hacen, lo que les gusta, etc. A la hora de mostrar tu anuncio de pago, lo podrá hacer, si así se lo indicamos, para gente que tenga similares gustos o actitudes.

 

Así que si tienes pensado crear anuncios en un futuro en Facebook, o incluso aunque no lo tengas pensado (y es que nunca se sabe), no te viene mal añadir el pixel a tu web.

 

No conectas la página con Google Search Console

 

¿El quéééééé? Sí, sí, ya sé te puedes estar preguntando qué narices es eso de la Google Search Console. Bueno pues es un lugar donde podemos ver el estado de nuestra web dentro del buscador de Google. Podemos saber si nuestras páginas están bien indexadas (es decir, si pueden ser encontradas en Google), si alguien está buscando, qué palabras claves está usando para encontrarnos y un largo etcétera de datos muy útiles, incluyendo links que no están funcionando. Pero claro, para eso, hay que conectar tu página a esta consola. Para ello, tan solo tienes que ir a https://search.google.com/search-console y seguir los pasos.

Pones tanta negrita que lo que destaca es lo que no está en negrita

 

Ya habrás escuchado mil veces que destacar en negrita partes de tus textos es importante para facilitar la lectura. Lo es porque la gente, en general, no va a perder mucho tiempo leyendo tu página y por tanto van a leer “en diagonal” buscando las palabras que más le llamen la atención. Tú le puedes facilitar la tarea. Pero recuerda que no estamos en clase, no se trata de subrayar o poner en negrita toda una frase, sino las palabras concretas que más destaquen y que siendo leídas sin el resto, dé una idea sobre lo que habla el texto.

 

No captas suscriptores porque te da vergüencita

 

¿Verdad o no? Nos da vergüenza pedir el email porque pensamos que estamos pidiendo algo con lo que entrar en su casa. Pero lo cierto es que quien nos deja el email, lo hace de buena gana. Nadie le ha puesto una pistola en la cabeza para amenazarle y además se va a poder dar de baja cuando quiera.

 

Otra cosa es qué hacer después con el email. Porque claro, una vez que tenemos su dirección ¿qué le mandamos? ¿Con qué intención? ¿Cuál es la estrategia adecuada a seguir para aprovechar que tenemos una forma de comunicación directa con nuestras futuras estudiantes. Eso es tema para otro día, pero de cualquier forma: comienza a pedir el email.

 

Te pasas con los Popups

 

Entrar en una página y que te salte una ventanita (un popup) pidiéndote que te suscribas a la newsletter o vendiéndote algo es algo que cada vez es menos habitual, pero todavía se ve mucho. Y fastidia. Lo sabes. Mucho. Pero claro, también genera reacciones positivas. Los popups bien usados son una herramienta magnífica para llamar la atención y llevar a tu visitante donde tú quieras.

 

Pero hay que tener cuidado, eso de poner popups en cada artículo de nuestro blog, de forma que quien los lea vea siempre lo mismo, aburre. Eso de poner una ventanita que te ocupe toda la pantalla, irrita. Eso de poner más de un popup por página, muchas veces hace que directamente te quieras salir de esa web. Úsalos si quieres, pero de forma consciente.

 

Compartes siempre lo mismo en las redes

 

Si has prestado atención a buenas oradoras, te habrás dado cuenta de que no hablan de la misma forma todo el rato. Van más rápido, se paran, elevan la voz, susurran, hacen una pausa dramática,… ¿Por qué? Porque por muy interesante que sea lo que cuentan, la gente tendemos a perder la atención con una facilidad pasmosa. Cuando compartes en las redes es lo mismo: si compartes siempre el mismo tipo de post, la gente se acostumbra y ya no llamas la atención. ¿Problema? Ya no atraerás a esa gente a tu página web, que al final es lo que te interesa.

 

Por lo tanto, varía, ese es mi consejo. No quiere decir que cada día compartas algo muy diferente, pero de vez en cuando has de realizar pequeños o grandes cambios para que la gente no deje de prestarte atención. Recuerda que tu objetivo a la hora de compartir en redes sociales no es tener una red social increíble. Es que visiten tu web y te reserven una clase.

 

No tienes un público objetivo definido


Lo sé, lo repito cada vez que puedo y, aún así, me encuentro con una gran cantidad de profes que piensan que tener un público objetivo no merece la pena y que además no tiene que ver con su página web. La mayoría piensa que si se centran en un grupo pequeño de posibles estudiantes, podrían perder el resto. Esto no es así.


Hace poco en una asesoría una profesora (si te das por aludida, saluda ;)) me contaba que había conseguido 3 estudiantes por instagram, pero en realidad solo una tenía que ver con su nicho. Y era un nicho bieeeen claro y bien definido en sus contenidos. La realidad es que tener un público definido nos va a ahorrar esfuerzo, nos va a ayudar a hacer nuestro trabajo más fácil al no tener que diversificar todo lo que hacemos y, posiblemente, no nos va a robar gente que no corresponde a ese nicho.


No tienes un espacio especial para cada buyer persona (sea lo que sea eso)


Ayer hablaba del público objetivo, que di por hecho que sabemos lo que es. Bueno, pues un buyer persona es algo así como la “personificación” de parte de ese público objetivo. Es decir, creamos una persona imaginaria con todas las características que tendría. Y a partir de ahí, dirigimos todas nuestras acciones a esa persona como si fuera real, como si estuviésemos trabajando para conseguirla como alumna. Cuando creamos un contenido para las redes sociales, lo estamos haciendo para ella, cuando pensamos en la home de nuestra página, la estamos haciendo para ella.


Pero podemos tener más de una buyer persona. Por ejemplo, nuestro público objetivo son estudiantes francófonas de nivel A1-A2. Pero tenemos dos buyer personas diferentes, unas las que viven en Canadá y otras las que viven en Francia. Cada buyer persona tiene diferentes costumbres horarios, hábitos, redes sociales más usadas, etc. Y por tanto nuestra forma de llegar a ellas, podría ser diferente también. De ahí la importancia y practicidad de tener bien claro cómo es cada una de estas dos personas imaginarias.


Piensas que la página debe ser perfecta

 

La web debe estar lo mejor posible. Debe tener el número mínimo de errores y debe cumplir con las expectativas. Pero no debe estar perfecta. ¿Sabes por qué? Porque eso es imposible. La perfección no es algo objetivo, es algo que nos implantamos en nuestras cabezas de forma forzada y que lo único que hace es retrasar el estreno de nuestra web o las constantes modificaciones de esta.

 

No quiero decir que puedes estrenar tu web estando mal hecha y ya la arreglarás luego. No, eso tampoco. Pero hay un término medio entre una cosa y otra. Evita obsesionarte con la perfección, seguramente detrás de esa fijación lo único que hay es miedo a que no dé el resultado esperado. Pero, ¿sabes qué es lo que da más miedo que eso? No tener página web ;). ¡Así que lánzate!

Piensas que exagero Llevo más de 20 consejos para mejorar tu web y los que aún quedan que irán en el webinario del pŕoximo día 31 de julio. Piensas que son demasiados errores a tener en cuenta. Piensas que me he pasado. Piensas que solo te estoy alarmando para que así asistas a mi webinario. Piensas que tu página web está perfecta, pero que los estudiantes no te llegan por razones ocultas (¿tal vez los iluminati? ;)). Pero no. No exagero. NI un poco. Con seguridad, me quedo corto. A la primera profesora que le hice una revisión de su página web, le saqué cerca de 50 detalles que podía mejorar. Todo opinable, por supuesto. Pero son errores que he ido percibiendo con la experiencia. Recuerda que soy profesor, pero también informático y especializado en webs. No en vano todas mis páginas web están hechas por mí. Sea en WordPress, sea programándolas desde cero. Intentando ser lo menos humilde posible, te diré que tengo la experiencia suficiente para saber que no exagero ni un ápice. Ahora te toca a ti decidir si piensas que tu página web está perfecta y que tus futuribles estudiantes no saben apreciarla o si puedes arreglar algo.



Aún quedan más consejos. ¡No te los pierdas!